¿Tienes un hijo agresivo? Conoce tips para combatir este mal


Independientemente del tipo de conducta agresiva que el niño manifieste, es necesario comprender que ésta es aprendida y como tal puede modificarse.


Por Tatiana Morales – Psicóloga – Experta en análisis de la conducta del ser humano – Especialista en Recursos Humanos.

Cada vez es más frecuente que muchos padres se enfrenten con episodios en los que su hijo se muestre agresivo, manipulador y rebelde, aun incluso desarrollándose en un ambiente familiar agradable; sin embargo los padres no saben cómo afrontar estas situaciones y cómo cambiar estas conductas.

La agresividad es cualquier forma de conducta que pretende causar daño físico o psicológico a una persona. En los niños, la agresividad generalmente se presenta en forma directa, bien sea verbal (ofensas, groserías, etc.), o como acto violento (golpes, mordidas, pellizcos, patadas, etc.), y en forma indirecta, cuando el niño atenta con los objetos de la persona origen del conflicto, cuando grita o gesticula expresiones de frustración.

Independientemente del tipo de conducta agresiva que el niño manifieste, es necesario comprender que ésta es aprendida y como tal puede modificarse.

Existen diversos factores desencadenantes o facilitadores de estas conductas agresivas en los niños.

Generalmente los niños imitan comportamientos de sus padres, los cuales representan modelos a seguir para ellos; también los métodos de crianza determinan el carácter del niño; es decir, los padres autoritarios (padres con una disciplina estricta y rígida que utilizan el castigo físico o el chantaje emocional) o permisivos (padres que no establecen límites y acceden a todas las exigencias del niño); poca tolerancia a la frustración; dificultades en la comunicación; su entorno social (colegio, barrio y grupo de amigos), la cultura y los medios de comunicación.

Otras causas que pueden facilitar los comportamientos agresivos en los niños, son: las familias en las que no existe respeto entre los padres y se viven conflictos o maltrato físico (golpes o abuso sexual) o psicológico contribuyen a que el niño asimile y repita esas mismas conductas; ser víctima de negligencia y/o abandono o, el simple hecho de ser hijo único sobreprotegido;

Los factores anteriormente expuestos hacen que el niño adopte conductas agresivas y crezca con ellas, formando parte de su repertorio conductual; es decir, el niño va asumiendo que la violencia es la mejor forma de expresar su sentir, ser comprendido y aceptado socialmente y llevar a cabo sus objetivos, logrando convertirse en adolescente y adulto con graves problemas de interrelación personal, que pueden generar conductas antisociales, alcoholismo, dificultades en la adaptación e incluso padecer de alguna afectación psiquiátrica.

Con el propósito de que los padres puedan intervenir en cambio o modificación de la conducta agresiva, es muy importante tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Comunicación frecuente entre padres e hijos.
  • Expresar afecto verbal y físico.
  • Ser ejemplo.
  • Establecer normas de crianza claras, las cuales deben ser premiadas en su cumplimiento y castigadas ante su incumplimiento. Es necesario, promover más los premios e incentivos que los castigos. Los llamados de atención deben hacerse inmediatamente después de su comportamiento incorrecto.
  • Evitar regaños.
  • No reforzar las conductas agresivas.
  • Enseñar otras opciones para resolver conflictos de manera asertiva.
  • Evitar que el niño permanezca bajo el cuidado de muchas personas, que den órdenes diferentes y en ocasiones contradictorias (padres, tíos, abuelos, etc.).
  • Evitar exponerlo a escenas violentas, sea de películas, videojuegos, etc.
  • Si la conducta agresiva persiste, se hace necesario consultar con un especialista.

Existen diversos tratamientos para manejar la agresividad infantil, incluyendo una terapia psicológica que incluya a toda la familia. Asimismo, se requiere fomentar en el niño actividades de recreación y tiempo libre que incluyan juegos y cuentos que estimulen su área física, emocional, motora y creativa, permitiéndole reducir su ansiedad y agresividad al exteriorizar su forma de ser y de pensar, desarrollar habilidades sociales y descargar tensiones.

Por su parte, leer cuentos es otra herramienta muy útil, la cual incita la creatividad, favorece su capacidad lingüística y de pensamiento y promueve la recursividad para que pueda resolver de mejor manera en su propia vida situaciones similares a las que percibió en el cuento.

Vía: www.elartedesabervivir.com

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